domingo, 9 de agosto de 2020

LA PROTECTORA

 LA PROTECTORA 

sábado, 8 de agosto de 2020

Tres cuarenta y cinco de la madrugada

Eran las cinco de la madrugada. El viento soplaba con fuerza en el exterior, agitando los ventanales del hospital. Evelyn, quien se encontraba en su primer guardia en el servicio de urgencias, yacía tendida en el suelo a un lado de las escaleras. Cargaba el peso de su consciencia y diecinueve horas sin dormir, un poco de café circulando en su sistema y apenas una galleta en su ya lastimado estómago. Pero lo que más le pesaba no eran sus horas de sueño perdidas y mucho menos su falta de comida o bebida. Su peso estaba regido por el recuerdo de lo que en su primer guardia tuvo que enfrentarse. Cerraba sus ojos pesarosa y a cada momento venía a su mente el recuerdo de aquel cuerpo inerte que dejó en la sala. Sentía qué tal vez se había equivocado de carrera o quizá simplemente no merecía existir. Las lágrimas no dejaban de brotar y rodar por sus mejillas. Desde hacía un buen rato, su celular no dejaba de sonar, pero no tenía ánimos de responder y nada podría ser peor que lo que ya le esperaba como consecuencia de sus actos. Aunque intentaba calmarse para continuar con su jornada, no paraba de llorar. Su amiga Leslie fue a su encuentro por órdenes del doctor Ramón, quien estaba furioso.

—Así que aquí estás, te estuve llamando. Las enfermeras me contaron lo qué pasó —dijo Leslie.

Se puso en cuclillas, aproximándose a Evelyn, quien apenas abrió los ojos para volverlos a cerrar. El llanto que había disminuido luego de media hora de llorar sin control se acentuó.

—El doctor Ramón quiere verte. Está furioso contigo, dice que debiste ir a despertarlo en lugar de hacer todo tu sola. Me amenazó con castigarme si no lograba encontrarte.

—¿Y si, mejor renuncio?

miércoles, 5 de agosto de 2020

Un alma en pena

Mucho se habla del purgatorio y de cómo serán castigados los malos en este lugar, para purgar sus pecados. Lo que muchos no saben es que dentro del purgatorio existen diferentes tipos de caminos que nos ayudan a ser mejores y quienes controlan este lugar, podrán pasar a ser mejores personas y a valorar cada momento que por insignificante que parezca, es único y aquellos que no, vagaran eternamente, perdidos en sus problemas sin poder salir. Aprendí esto una noche de esas melancólicas, donde tus pensamientos nublan tu razón, y llegas a pensar que no hay otra salida, solo la muerte.

Mi nombre es Alex, como todos vivía en este mundo, llenos de problemas y deudas, y después de pelear por muchos años y tratar de llevar una buena vida para mí y los míos, llego un momento donde lo perdí todo y caí en una depresión que me llevo al alcohol y las drogas, mis familiares y amigos trataron de ayudarme, pero era tanta mi depresión, que no logre salir del hueco donde me había sumergido y no logre entender que las cosas más pequeñas tienen un poder infinito y pueden sanar la herida más grande que tengas en tu corazón. Una noche de esas lluviosas y nubladas, de una sobredosis partí de este mundo que no encontraba salida alguna pensé que el mejor final era no estar en este mundo decadente lleno de tristeza.

Solo recuerdo que estaba en el baño encerrado muy drogado, y busque más droga para ahogar mis penas, mi mente se nublo y solo recuerdo que desperté en un desierto. No tenía ni idea de lo que había pasado y además no recordaba nada era como una amnesia, solo tenía algunas fracciones de recuerdos, pero en ese momento todo estaba nublado, así que me levante y vi que tenía una túnica muy extraña y hacía un calor muy horrible pero al mirar hacia arriba no había nada, era como estar en medio de un vacío absoluto, donde lo único que se veía era un desierto interminable.
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Maira Gall