miércoles, 30 de diciembre de 2020

Las rosas son rojas, el cielo es azul y a nadie le importa un carajo | Axl Joke

Justifico la existencia de este escrito por dos motivos: el principal es porque estoy en campaña permanente contra los vicios que hacen mal a la escritura, el segundo y menos importante es debido a la lectura de un artículo que consiguió sacarme una sonrisa involuntaria. Quisiera citarlo como es debido, pero no recuerdo dónde lo leí ni vale la pena ir a buscarlo. Recuerdo el nombre, "No seas como Stephen King" imperaba. Era un artículo tan olvidable como los que abundan en la red, sin embargo, especialmente superficial y pretencioso. Criticaba el libro On Writing: A Memoir of the Craft (editado en español como "Mientras escribo") del autor en cuestión.

Al leer el artículo, le imaginé leyendo una copia del libro que habría sido rescatada del triturador de una oficina en llamas y, luego, se pondría a escribirlo con lo que pudo leer de los pedacitos rescatados, y esta imagen es la que me roba la sonrisa; dejaba al descubierto que no entendió dos palabras del libro y se tomó el atrevimiento de buscar visitas con el título o, por romper una lanza a su favor, que buscaba el negrito en el arroz (a pesar del título y la intención de su artículo).

A la vez que criticaba el libro, el autor desconocido ofrecía consejos para escribir sin parecerse a Stephen King. Tan superficiales como su lectura del libro. Tan olvidables como cuando habla quien no tiene nada que decir.

En las siguientes líneas rescato consejos reales y, a mi humilde parecer, mucho más fructíferos para quienes deseen comenzar a escribir, deseen o no parecerse a su autor favorito. ¡Qué más quisiéramos que tener el éxito de King!

6 CONSEJOS CON AMOR PARA QUIENES DESEAN ESCRIBIR

viernes, 18 de diciembre de 2020

Entre nosotros | Ronnie Camacho Barrón

“El fin del mundo siempre está a la vuelta de la esquina”, ese, es lema del Buró de Prevención Profética, la organización a la que pertenezco.

Desde el principio de la historia, hemos actuado bajo las sombras para proteger al mundo de las constantes amenazas que se ciernen sobre él y que sin duda alguna llevarían a la raza humana a su extinción.

Con éxito prevenimos el regreso de los Atlantes de las profundidades del mar, la ascensión del Anticristo al papado, la incursión alienígena de Roswell, la rebelión de las máquinas del 2000 y la tercera guerra mundial que sería provocada por las armas biológicas bajo el poder de Bin Laden.

jueves, 17 de diciembre de 2020

A un pajarillo | Celedonio Junco de la Vega

Canoro:
te alejas
de rejas
de oro.

Y al coro
le dejas
las quejas
y el lloro.

Que vibre
ya libre
tu acento.

martes, 15 de diciembre de 2020

Carta desde el frente | Kirke Buscapina

Peña Citores, 9 febrero de 1938

Querida Manuela:

Escribo estas líneas sin la certeza de que puedas leerlas, y en el caso de que lleguen a tus manos, cuando las leas, no sé dónde estaré.

Primero quiero que me perdones la tardanza en contestar tu última misiva. Sabes las dificultades que supone enviar cartas desde el lugar en el que me encuentro. Llegar hasta esta posición en la montaña es complicado, mis camaradas del Batallón Alpino suben cada dos semanas a traernos suministros y, de paso, el correo recibido en Cercedilla. Los escasos alimentos apenas llegan para reponer las fuerzas que el frío y la desesperación nos quitan y las cartas son un breve alivio a la soledad que estas cumbres nos regalan.

En las gélidas noches de guardia me refugio en el recuerdo de tus abrazos, en la visión de tu sonrisa y en el sonido de tu cálida y cantarina voz. Rememoro los días que pasé junto a ti caminando por la orilla del río que riega los campos labrados por nuestros padres. Si cierro los ojos puedo hasta oler tu pelo trigueño, sentir la caricia de tus manos y tu aliento sobre mi cuello. Si no fuera por tu recuerdo hace tiempo que me habría vuelto loco en esta guerra absurda.

domingo, 13 de diciembre de 2020

El liberador | Juan Luis Henares

El sol brillaba en el horizonte en ese amanecer de fines de diciembre, pero sus rayos —sumados a la alta humedad— calentaban como si fueran las horas del mediodía. El mameluco azul se pegaba en el cuerpo de Oscar, sus pasos eran dificultosos; recién se dirigía al trabajo, era preferible ni pensar en lo que le esperaría el resto del día. Para evitar el calor nada mejor que cortar camino por un sendero que, junto a un pequeño bosque de pinos, cruzaba en diagonal el campo adyacente a la fábrica. Pasto, ramas caídas, sombra y el sonido de los pájaros eran la compañía necesaria para tomar fuerzas y soportar la larga jornada. De pronto un rayo de luz se reflejó en sus ojos; no era producto de mirar directo al radiante astro, sino el destello de un objeto escondido entre la hierba. Sigiloso —en puntas de pie— descubrió una antigua damajuana verde, recubierta en dos tercios por mimbre, con asa y un gran corcho en el pico. Adentro algo se movía: una especie de neblina parecía darle vida a su contenido; apoyó sus rodillas en el pasto y la observó, sin tocarla, hasta que se animó a tomarla con sus manos; el vidrio estaba frío, ¿su contenido sería acaso algún gas? Tuvo ganas de destaparla, mas sintió temor; ¿y si el gas explotaba? ¿O sería tóxico? La dejó en el mismo lugar en que la encontró y siguió su marcha hacia la fábrica.

Metros adelante se detuvo: un pensamiento cruzó por su mente y le hizo regresar sobre sus pasos. Tomó la damajuana con una mano y con la otra comenzó a mover el corcho; se produjo efervescencia en su contenido. Pensó que sería dificultoso descorcharla, sin embargo ni bien lo intentó el tapón cedió, y si no fuera porque lo sostenía con su mano, hubiera salido disparado. Oscar cayó al suelo, con la damajuana abrazada a su cuerpo; no podía creer lo que observaba: el gas salió despedido y en forma de nube cubrió el sendero. Al disiparse apareció ante sus ojos una figura gigantesca: bastante más de dos metros de alto, piel negra, turbante en la cabeza, pequeña barba en la pera y un largo y fino bigote estilo Salvador Dalí; su torso desnudo, al igual que sus piernas, y un mawashi —cinturón utilizado por los luchadores japoneses de sumo— cubría su cintura. Sus pies se confundían con la niebla que salía del recipiente; parecía no necesitarlos, pues… ¡flotaba!

miércoles, 9 de diciembre de 2020

A mi viejo | Jacz Nil Admirari

No me gustaba ir a visitarte, te lo confieso.

Cruzar la mitad de la ciudad sólo para darte una vuelta no me resultaba ni atractivo ni emocionante. Llegaba al apartamento y lucía sucio, descuidado, desvencijado, pero esa vez, estando allí, sentados en la sala en medio de una conversación trivial, la mirada, tu mirada, perdida en el horizonte, en el paisaje montañoso que se mostraba ante nosotros, que más de una vez me hizo a mí soñar con mejores momentos, alejado de los gritos, del maltrato verbal, de la amenaza latente, del sin razón y del sin sentido, del olor a borracho sudoroso maleducado cuyo escándalo me disturbaba de mis anhelos con otras realidades, ese mismo paisaje frente a nosotros que en mis ojos fueron sueños fabulosos, en los tuyos, durante una conversación trivial, se convertía en oprobio, en desaprobación, en decepción, en vergüenza, en esos ojos que no me miraban a mí sino a la nada, había reconocimiento de saber que yo me había dado cuenta que todo estaba perdido, que ya no tenías las fuerzas para luchar, ni las fuerzas ni las ganas, ni motivos para hacerlo, habías sido conquistado por el enemigo y tu rendición fue sin condiciones, entregaste tus armas y con las rodillas al suelo dejaste que dispusieran de tu destino.

No importa lo que digan, la vida es una batalla constante, y el enemigo se presenta de múltiples formas: a veces bajo la figura de una adicción, como el alcoholismo; a veces bajo la figura de un desacuerdo irreconciliable, como el divorcio; o incluso peor, un signo con el que se nace, como la soledad.

lunes, 7 de diciembre de 2020

La complejidad compositiva, lingüística y de personajes en la obra de Miguel de Cervantes Saavedra | Yisel del Castillo Cruz

El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, es considerada la obra cumbre de la literatura en lengua castellana. Escrita a principios del siglo XVII, retrata claramente el cambio del pensamiento del Renacimiento al Barroco, aunque el tema que desarrolla está ligado directamente con los aspectos medievales.

Su autor, Miguel de Cervantes y Saavedra escritor de transición entre el Renacimiento y el Barroco porque vive y desarrolla su obra a finales del siglo XVI e inicios del XVII, es el creador de la novela moderna. En él existe el individuo del Renacimiento con gran sabor erasmista y también el sutil, cauto, reflexivo y equívoco Barroco. Comprende el drama nacional, percibe la frustración y la depresión material y espiritual de España. Transforma el heroísmo de los tiempos épicos en caricatura a través de su personaje don Quijote.

Desde la primera mitad del siglo XV, comienza en España el influjo de la novela caballeresca, a partir de una serie relatos de esta índole que tuvieron su nacimiento en el norte de Francia. Temáticamente estaban muy a tono con los hechos de armas que propiciaba la Guerra de Reconquista y el mundo bélico feudal de la península. Al respecto Ricardo Viñalet señala: “La novela caballeresca refleja nítidamente los rasgos más característicos del siglo, en el cual se combinan los elementos tradicionales de la Edad Media feudal y las primeras señales del arte renacentista. Los temas del valor y la heroicidad caballeresca son tratados de una forma nueva. Ya no es la guerra la motivación de las hazañas, sino el afán de aventuras del caballero que arriesga su vida por su amada”. (Viñalet, 1986, p. 89). Estas novelas narran las aventuras de un caballero que en solitario enfrenta amoríos, batallas y terribles desafíos con grandes muestras de honor, fidelidad y amor a una dama.

viernes, 4 de diciembre de 2020

La casa del ojo rojo | Juan Luis Henares

Despertó aturdido. Pronto comprendió el motivo: sonaba el timbre de su celular; pensó que sería las seis menos cuarto, hora en que se levantaba para ir al trabajo. Encendió su velador, el viejo reloj que colgaba de la pared marcaba las dos y veinte; recordó que era sábado, día en que no trabajaba. Atendió con torpeza y le respondió una voz de mujer:

—Luis, soy Alicia, ¿Mariano está con vos?

Trató de aclarar su mente y confundido contestó que lo había visto a la salida del trabajo, pasado el mediodía. Ella, a un paso del llanto, insistió:

—No regresó, salió a caminar y me dijo que era probable que después fuera a tu casa.

Tras intentar en vano tranquilizarla cortó la conversación; volvió a la cama y apagó la luz del velador. No logró dormirse.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Guía para pasar desapercibido cuando se viaja por el tiempo | J. R. Spinoza

Desde el año 3026, los viajes en el tiempo son posibles. Posibles sí… pero costosos. Un viaje al río Futaleufú en el verano de 1993 para navegar en kayak y beber de sus deliciosas aguas cristalinas cuesta aproximadamente setenta mil euros. Ir al festival Woodstock de 1969, para escuchar a Santana y Jimi Hendrix vale entre sesenta y sesenta y cinco mil euros. La agencia TimeExpress acaba de sacar un viaje a la Deutsche Nationalbibliothek de 1983, para escuchar de viva voz a Michael Ende leer su mayor obra: La historia Interminable. El paseo cuesta ochenta mil euros. Dinero que por supuesto no tengo. Afortunadamente siempre está la piratería.

martes, 24 de noviembre de 2020

Carta a un viejo primer amor | Eda

A mi querido Dalex, mi primer amor.

Hola, quisiera compartir algunas pocas cosas contigo. ¿Sabes? El día de hoy amanecí pensando en ti, en lo feliz que fui a tu lado, lo mucho que me gustaba tenerte junto a mí, mirar como nuestras manos encajaban de manera perfecta al entrelazarlas, como nuestros corazones se unían en un solo latido, me regocijaba estando cerca de tu vida, recostar mi cabeza sobre tu hombro y subir la mirada lentamente y que se encontraran, no existía necesidad de pronunciar palabra alguna porque ciertamente los ojos son la ventana del alma y en ese silencio estaba todo lo que necesitaba.

martes, 17 de noviembre de 2020

Terapia | Juan Valentín López V.

Eran cerca de las cinco de la tarde, la luz entraba por la ventana dando en la espalda del hombre, éste revisaba los documentos sobre su mesa detenidamente.

—¡Cecilia! ¡Cecilia! —llamó dos veces a su secretaria, al ver que esta no contestaba quizá por la distancia entre los dos, o el bajo tono de su voz, tomó el teléfono y le llamó.

—¡Cecilia! Por el amor de Dios, llevo diez minutos llamándola.

—Sí señor, discúlpeme no le escuché, ¿en qué puedo ayudarle?

—Todavía queda una paciente, ¿verdad?

—Dos, señor, uno es el que le dije hace media hora…

—Haga pasar al primero Cecilia, y verifique en la agenda cuántas citas tenemos, mañana quiero irme temprano.

—¡Sí señor, ya mismo!

Unos minutos después entraba un hombre bien vestido, perfectamente peinado, delgado y recién afeitado, el hombre caminó tímidamente hasta el doctor, y le saludó de mano.

martes, 10 de noviembre de 2020

Desaparecidas | Daniel Barrera Blake

Como cada noche al llegar a casa, se desparramó en el sillón frente al televisor y comenzó el ritual de quitarse los zapatos, el arma y ahora también el cubre bocas. Y en medio de ese ritual, que en realidad era una lucha contra su abultado abdomen, recordaba al Toño en aquellos tiempos que terminó su preparación oficial como criminólogo forense, técnico en crímenes informáticos y cuanto curso policial tuvo la oportunidad de estudiar. Con el cuerpo atlético, la sonrisa ancha y paso altivo, andaba el Toño. Quería comerse a todos los criminales del mundo, prometía reformar al país desde sus instituciones judiciales y de justicia. Aquellos tiempos del Toño habían quedado atrás, ya solo era Antonio Anzures, nombre de pila de alguien serio, de alguien respetable que juega bajo las reglas de la comisaría sin dar problemas. Y también nombre de alguien con el espíritu corrompido por el sistema… “Antonio Anzures, nombre de un perdedor”, pensó.

sábado, 7 de noviembre de 2020

El espejo | Joanna Munis

En mi casa mi familia ha tenido varios espejos, siempre se terminaban quebrando. Nunca les presté mucha atención hasta que un espejo antiguo llegó a mi vida porque mi padre pondrá un negocio de venta de muebles y yo viajé de la capital, Montevideo, a su casa y encontré en mi cuarto sobre un gran mueble al hermoso espejo colocado parado. Primero, una noche al verlo, sentí que estaba cargado de mucha energía. Pero me fui de casa y luego de meses regresé, en el segundo semestre y lo volví a ver. Me he encontrado con una relación especial, me hace percibir un plano del otro lado y me siento segura como ante a un amigo ancestral.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

El desfile | Sandra Patricia Galarza

Sucumbir

al laberinto  de las dificultades

sin intentarlo.

Embarrarse

en el lodazal de las dudas,

en la  búsqueda

de respuestas inconclusas.

lunes, 2 de noviembre de 2020

La divina alegoría | Rusvelt Nivia Castellanos

Si la profunda memoria no me falla, durante este veloz instante, vuelvo a mi recordada fuga del castillo infernal; hace un siglo imaginario de ustedes, hombres de cuerpos móviles, ustedes seres mortales, seres miedosos al amor. Ya respecto al tiempo, me lo pasé sufriendo abajo de sus dominios terrenales, durante casi todo un milenio errático. Fui ciertamente para aquella existencia, una luminosa retratista en aquel mundo de sonámbulos; un mundo plagado de seres malsanos y bestias a la vez homicidas. Menos mal, mediante mi facultad creadora, sigo aún con vida; pero ya me sé residente en otro universo posible, descubierto años antes, por mí arte del dibujo.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Melancolía al escribir | Path Lune

Cuando escribía en medio de las clases, sentía que era ingenuo pretender dividir mi atención. Al conocer mis inclinaciones, sabía que me había entregado a esta tarea de mi pulso, de un ritmo y una narrativa que podía emerger en cualquier instante. Sabía que al escribir en medio de un tema en curso, me estaba perdiendo de otra revelación, de otra experiencia. Sabía que mi participación en clase era incipiente, apenas podía podía detenerme sobre algunas palabras que alcanzaba a desmenuzar como la carne en las manos de las abuelas. Con paciencia. Pero a veces el ritmo acelerado del discurso, me hacía pensar que estaba en una esfera esquizofrénica de confusión y dispersión por la velocidad que se saltaba los temas, las discusiones, y a menudo no tardaba en sentir ese vacío.

miércoles, 28 de octubre de 2020

La orden | Juan Luis Henares

Don Carlo es como mi padre, gracias a él estoy aquí; cambió mi destino, sino hubiera terminado mis días encerrado en la cárcel. De pibe me la pasaba de pelea en pelea, tanto en la escuela —llegué hasta tercer grado— como en el barrio. Me rescató del internado de menores en el que estaba encerrado y me llevó a trabajar a su lado; Don Carlo me dio una razón para vivir. Le debo todo.

Muchos le temen, lo llaman el mafioso del barrio, y tienen razón. Se dedica a la venta de drogas, a la quiniela clandestina y es dueño de la mayoría de los bares y prostíbulos de la zona; tiene arreglos con la policía y con los ladrones, maneja los negocios sucios de gran parte de la ciudad. Lo he visto matar gente con sus propias manos, pues estuve a su lado en varios de esos momentos. En cierto punto, yo también le temo.

domingo, 25 de octubre de 2020

Carta a una amiga que también fue un amor | Selena Poot

Bacalar, Quintana Roo, 10 de octubre de 2020

Clem:

Cómo se inicia algo, cómo dejar de rodear palabras, cómo materializar un sentimiento. Quizá sea necesario confirmar, lo que siempre has sabido.

Saber, por ejemplo, Clem, que pensaba en ti con frecuencia, que me era más fácil recordarte, que lograr acordarme de todo eso que apenas estaba sucediendo en mi vida.

Pensaba, como ya has de saber, en lo poco que recordamos las cosas que vemos, que tocamos, incluso, lo que vamos sintiendo, y pensaba, también, en esa sensación recurrente de vacío, en la impotencia de saberte “un molde hueco” como dice Cortázar, en todo lo que deseas sentir, y no puedes, y no importa cuánto uno luche por alcanzar la "llenura", porque de pronto, uno descubre, Clem, que ha nacido para quedarse de ese modo.

viernes, 23 de octubre de 2020

Respuesta de un gato a un perro | Sabo de Oporto

Señor can, he hecho, con mucho esfuerzo, un pequeño espacio, dejando pendientes ciertas ocupaciones gatunas, para responder a esa carta suya que ha llegado a mis manos con el fin de darme noticia de lo que ocurre en mi hogar y aconsejarme qué hacer para evitar el fatídico destino de, como dice usted, quedar a la deriva por las calles.

Debe saber que a un felino jamás molestará que reconozcan su inigualable figura, y por ello quiero que, primero que nada, sepa que me siento halagado en que reconozca los rasgos que conforman mi personalidad, aunque el reconocimiento sea por parte de usted, vecino, un ser que pertenece a una especie que no congenia mucho con la mía.

martes, 20 de octubre de 2020

El astronauta | Axl Joke

Cuéntame qué ves
más allá del Sol,
astronauta perdido.

domingo, 18 de octubre de 2020

Carta a Eros | Johana Rodríguez Rangel

Guanajuato, Guanajuato 06-octubre-2020

A Eros:

Hola ¿Cómo estás? ¿Estás? Ya no sé cuánto tiempo ha pasado desde tu última partida, pero desde ese día siento que la vida corre y se va de largo, y yo nada más la veo pasar, pero de vez en cuando me dejo arrastrar por ella. Y la corriente de repente me pega tan fuerte que me hace sangrar de las viejas heridas y también me abre otras nuevas, pero basta con soñar que vuelvo a tenerte para no caer inerte.

lunes, 12 de octubre de 2020

Consejos de un héroe a un villano | Balthier Gallant

Consejos de un héroe a un villano

No se resienta contra todo aquél que le lleve la contraria en sus siniestros planes, tal vez necesita ser escuchado ese alguien que bien pudiera ayudarle a pensar mejor en su forma de actuar; así no terminaría tan mal como siempre.

No se victimice, usted no sólo ha sufrido; se ve demasiado egoísta y soberbio.

jueves, 8 de octubre de 2020

Cuento de la Ciudad Grande | Irina Muller

(Fragmento)

Es noviembre. En la Ciudad Grande hay mal tiempo. La lluvia mezclada con nieve, o simplemente la lluvia, gotean incesantemente. Gotas de agua caen sobre la acera, sobre las casas y sobre los gélidos transeúntes que se esconden bajo los paraguas. El cielo está bajo y oscuro, nublado. Nubes gigantes cuelgan inmóviles sobre la ciudad. A causa de ellas, no se filtra ni un solo rayo de sol. Apenas es medio día, pero parece anochecer. Está húmedo y frío. Todavía no nieva, pero todas las noches ya hay heladas. El follaje de los árboles se ha deshojado hace mucho y permanecen de pie en siluetas oscuras. Las ramas, arrastradas por todos los vientos, tiemblan y se balancean.

martes, 6 de octubre de 2020

El azul existe – yo también | Tatiana Rodríguez F.

Desgarrando lentamente
las sombras del pasado
va aquel bosque de misterio
esperando sanar.

Sus frutos no germinan
se consume
convirtiéndose en su propio alimento.

Aquel bosque
aún crece en azul.

lunes, 5 de octubre de 2020

Medellín, un día de luna menguante | Paola Giraldo Tobón

Medellín, un día de luna menguante

Algunos nacen para ser amados,
otros se hacen para ser amantes, 
pero yo soy la flor de la insumisión.

Mi querido Danilo

Acudo a su llamado a través de estas líneas, porque pienso que sigue siendo éste nuestro lugar común, el que mejor nos retrata a ambos.

Hemos caminado sin sabernos hace ya tiempo, por lo que, me resulta bastante agradable volver a comunicarnos después de tan largo y sostenido silencio. Aunque esto confirma que seguimos siendo los mismos, más no lo mismo, me refiero a una forma retenida de la continuidad, que se va dando conforme transcurren una sucesión de momentos que paso a paso nos desplaza para dar lugar a ese otro que vamos siendo.

viernes, 28 de agosto de 2020

Perdido en la creación | Rusvelt Nivia Castellanos

Hace unos años, yo conocí a este artista, recuerdo que era un hombre con ojos de luciérnagas. La última vez que lo vi en esta vida, fue junto a la ventana de su habitación modernista. Ese día, lo percibí preocupado en su personalidad. Por cierto, él manifestaba un semblante fantasmagórico. En cuanto a su ocupación; hacía de escritor existencial y por tanto vivía encerrado en su residencia, obrando novelas por la patria de Macombia. Demás como persona, tenía la cara regordeta en medio de su piel blanca, que lo distinguía tan propiamente. Y le gustaba fumar con pasión. Entre los atardeceres, prendía el cigarrillo, adentro en su biblioteca. Tiempo después; pasaba a la estantería y tomaba los libros de siempre. Allí bien, rememoraba las historias de Gabo y Héctor, leía sus obras literarias, las imaginaba con agrado y al nuevo tiempo, pasaba a su escritorio y resuelto se sentaba de frente al computador para rehacer a la literatura artística. Ahí en además su situación, pensaba en los miserables y con deseo febril, se ponía a relatar las atrocidades de sus personajes malditos. El estruendo de los hombres al morir, lo convirtió consecuentemente en un hombre revoltoso con la escritura.

domingo, 23 de agosto de 2020

Zoo | Federico Rivolta

Llegó caminando por una avenida solitaria. A su alrededor, miles de papeles cubrían el suelo. Un viento los levantó junto con tierra, formando una enorme y sucia espiral a su alrededor.

Alzó la mirada y leyó en el umbral de hierro unas letras despintadas. Aún podía leerse con claridad el nombre del lugar: “Zoológico”.

—Una entrada, por favor —dijo él.

—Gracias por la visita, que pase un buen día… Gracias por la visita, que pase un buen día… Gracias por la visita…

miércoles, 19 de agosto de 2020

Cuatro paredes blancas | Juan Luis Henares

Sucedió por primera vez una noche al regresar del trabajo. El perro se apareció de repente, al darme cuenta lo tenía a centímetros de mi pierna; hasta podía sentir el olor que salía de su boca babeante al ladrarme. Era inmenso, negro, de esas razas que suelen matar a los pequeños hijos de los dueños de grandes mansiones. Me mordió; grité de dolor y apretó con fuerza. Fue ahí cuando lo miré fijo a los ojos, y ante mi asombro aflojó su mandíbula; me soltó, tras lo cual cayó al piso. No entendí nada, lo vi quieto —parecía no respirar—, lo pateé y no se movió. Estaba muerto.

sábado, 15 de agosto de 2020

De héroes y villanos | Federico Rivolta

Encerrado. Aislado del mundo. Condenado sin haber cometido ningún crimen. Mi padre jamás me permitió salir de nuestro hogar y tampoco me dio motivos.

Todo lo que sé de los hombres es gracias a las historias, a las historias que él me contaba; historias de héroes y villanos.

Mi padre se hacía cargo de todos los quehaceres de la casa, y a mí me sorprendía su habilidad a pesar de que le faltaba un brazo. Admiraba además su rapidez en la lectura, rapidez que siempre adjudiqué a su ojo de más.

viernes, 14 de agosto de 2020

Ruego desesperado | Marcelo Medone

Cuando era adolescente, me llevaba el mundo por delante y me creía inmortal, dueño de un cuerpo esbelto y atlético, digno de un semidiós. Luego, ya más maduro, empecé a temerle a la lejana muerte y me único anhelo fue encontrar la manera de eludirla. Amasé una inmensa fortuna con el solo propósito de financiar mi empresa. Contraté a los científicos y sabios más renombrados de alrededor del mundo. Finalmente, lo he logrado.

domingo, 9 de agosto de 2020

La protectora | Andrés Camilo Rodríguez Yunda

Si la vida fuera perfecta y las aves, los montes y las calles fueran tan verdes como el esplendor de los amantes que sueñan y de los pajarillos que cantan en las mañanas, no estaría el día de hoy frente a esta estúpida litera cantándole al cielo en busca de la libertad, sintiendo el olor pesado de las cochinadas de mi compañera de cuarto y el horrible sabor de la comida. Yo no tengo la culpa de que ese animal se hubiera atravesado en el tejer de mis días y hubiera destruido con sus bigotes, con su piel y con sus uñas todos los planes que tenía para el fin de semana, sí que menos tengo la culpa de que ese estúpido animal se encuentre el día de hoy tres metros bajo tierra.

Todo comenzó hace ya cuatro días, creo que era martes y hacía calor, a mí me gustaba salir a caminar por las mañanas para ver como las calles, los caños y los árboles se quedaban mirándome con esa mirada triste que se impregnaba en la roma, en las manos, en los zapatos. Solo que ese día no fui a trotar porque mamá me había castigado y tenía prohibido salir, así que me quede en casa haciendo oficio y escuchando música, nada especial en todo caso, me maquille, me tome muchas fotos y vi muchos videos, a eso de las cuatro de la tarde ya estaba irritada y me estaban dando ganas de escaparme por el tejado, mi primo se estaba quedando en la casa con su novia así que tuve que soportar ese estúpido ruido de los besos, y sus ademanes de idiotas enamorados... ¡mierda!

sábado, 8 de agosto de 2020

Tres cuarenta y cinco de la madrugada | R. G. Astrid

Eran las cinco de la madrugada. El viento soplaba con fuerza en el exterior, agitando los ventanales del hospital. Evelyn, quien se encontraba en su primer guardia en el servicio de urgencias, yacía tendida en el suelo a un lado de las escaleras. Cargaba el peso de su consciencia y diecinueve horas sin dormir, un poco de café circulando en su sistema y apenas una galleta en su ya lastimado estómago. Pero lo que más le pesaba no eran sus horas de sueño perdidas y mucho menos su falta de comida o bebida. Su peso estaba regido por el recuerdo de lo que en su primer guardia tuvo que enfrentarse. Cerraba sus ojos pesarosa y a cada momento venía a su mente el recuerdo de aquel cuerpo inerte que dejó en la sala. Sentía qué tal vez se había equivocado de carrera o quizá simplemente no merecía existir. Las lágrimas no dejaban de brotar y rodar por sus mejillas. Desde hacía un buen rato, su celular no dejaba de sonar, pero no tenía ánimos de responder y nada podría ser peor que lo que ya le esperaba como consecuencia de sus actos. Aunque intentaba calmarse para continuar con su jornada, no paraba de llorar. Su amiga Leslie fue a su encuentro por órdenes del doctor Ramón, quien estaba furioso.

—Así que aquí estás, te estuve llamando. Las enfermeras me contaron lo qué pasó —dijo Leslie.

lunes, 3 de agosto de 2020

Inteligencia artificial | Fabrizio González Torres

La alerta del teléfono se encendió. Se trataba de una luz color violeta que anunciaba la entrada de una llamada del sistema operativo, un aviso de actualizaciones o mensajes del proveedor de los motores de navegación.

Rafael tomó la llamada y el indicador de su tira ciudadana se tornó de un color rosado, algo muy llamativo que le enfadaba sobremanera.

—¿Qué sucede “Alecita”?

El estado de ánimo del interlocutor provocaba una reacción en los circuitos del teléfono, que era capaz de leer los signos vitales de quien lo sostenía, diagnosticando sus emociones de una manera muy acertada, hecho que el sistema operativo interpretó, emitiendo una respuesta.

viernes, 31 de julio de 2020

Ciegos en las tinieblas | Rusvelt Nivia Castellanos

Sé a los fanáticos obnubilados, confieso que ellos están trasnochados y juntos como una pandemia, deambulan dispersos por entre la porquería, todos sucios, van con su vulgaridad.

Como mayoría, ellos circulan detrás de las quimeras; salen temprano a buscar codicias ordinarias, se meten en medio de desfiles grotescos; ni nadie puede frenarlos en sus excesos, hurtan, tragan y vician allí hasta saciarse; realizan una comedia de día.

martes, 21 de julio de 2020

El reciclador de almas | Daniel Gutiérrez Ventocilla

Hay plantas que no he sembrado en mi
huerto. Yo las arranco, pero aparecen una y
otra vez, acompañándome.

*

Una mosca volaba en el consultorio y parecía escribir o dibujar algo en el ambiente.

¡Manuelito! ¡Manuelito! Por favor, atiende, no seas tan distraído. Ahora escucha. Debes ser fuerte. Siento mucho decirte esto, pero los especialistas señalan que tu enfermedad es incurable.

Alcé mi mano, como en la escuela, para opinar:

Pero, doctor, nunca tuve dolor alguno. Al contrario, me siento mejor cada día.

La mosca se había detenido en el techo para escuchar.

Ese bienestar es uno de los síntomas. Cuanto más sano te sientas, más grave estarás.

¿Moriré? Pregunté preocupado.

martes, 14 de julio de 2020

Una noche de luna llena | Juan Luis Henares

Quince años atrás daba clases en una escuela secundaria nocturna de adultos en las afueras de la ciudad. Una noche de agosto, al finalizar la jornada me dirigí a la parada del colectivo, distante a pocos metros del establecimiento. Al llegar a ella se acercó un vecino del barrio, quien me avisó que a la hora veintidós los choferes de transporte de pasajeros comenzaron con un paro sorpresivo, así que no funcionaba el servicio. Por lo tanto, llamaba a un taxi o caminaba hasta mi casa. Como era fin de mes y tenía mis bolsillos vacíos de dinero, decidí caminar los cinco kilómetros que separaban la escuela del pueblo en donde vivo.

La noche estaba fría, pero al menos la luna llena alumbraba el camino. Disfrutaba el sonido de los insectos y animales nocturnos que, amparados en la oscuridad de la vegetación, daban toda una sinfonía que acompañaba mis pasos sobre la banquina de la ruta. Pasó un coche, y a punto estuve de hacer dedo; no me animé, vaya uno a saber si el dueño del vehículo tenía ganas de compartir minutos de su viaje con un desconocido acompañante.

jueves, 9 de julio de 2020

Perro faldero | Amiie Aguirre

Fragmento del diario de Desorden Mental
04/06/2020:

Me mira, me acecha y me persigue con sus pupilas desde las diez de la noche cuando me senté en la barra de este misterioso bar. Ahí está, sentado a tres metros de mí. Su mirada es un reflejo de la oscuridad misma y del infierno en la tierra, mas no sé si me asusta o me excita imaginar la clase de pensamientos que está teniendo sobre mí.

¿Será que en su mente ya fui suya?

Un encuentro criminal | Rusvelt Nivia Castellanos

Mueren las horas. Se caen las auroras del día. Naufragan los sueños. Luego entonces, surgen las sombras de esta noche en la ciudad del crimen. Y con una precipitada voracidad renace la incertidumbre, para descollarse en más homicidios.

En tanto, tras este lóbrego suceder de tinieblas, va reapareciendo una mujer delgada. Ella deambula por la calle oxidada. Camina sola y cabizbaja, con la mirada perdida en su interior. A su instante, va preocupada y percibe un ahondado temor en su flagelada alma. Descubre, las ráfagas del mal que parecen recorrer su cuerpo, agolpando la ebriedad suya, que la consuma.

miércoles, 8 de julio de 2020

El chico del traje negro | Jeimy A. Sánchez

Después de salir de la escuela, mi grupo de amigos hablaba sobre qué pasaría si un terremoto golpeara la escuela mientras estamos en clases, yo iba detrás de ellos escuchando todo, la verdad mis amigos a veces pueden ser muy molestos. Cuando llegamos a casa de mi amiga escuché pasos dentro del bosque, pero cuando di vuelta no había absolutamente nadie, en mi pueblo todo es bosque y las casas están todas juntas, por eso vamos en grupo de regreso a casa, siempre escucho ruidos en el bosque, probablemente son ardillas o cualquier otro animal.

lunes, 6 de julio de 2020

El precio de mi alma | El Elías 24

Corría el año 2020, una época gloriosa para la música, sitios repletos de artistas de distintos géneros, tutoriales en internet sobre como sonar como tu artista favorito, prácticamente podías convertirte en un músico de la noche a la mañana.

En un mundo repleto de artistas lo que faltaban eran oportunidades, debido al gran numero de artistas sobresalir era demasiado difícil, la mayoría de la gente no entraba a internet buscando nueva música, sino que se mantenían en su zona de confort y si llegaba algo nuevo y bueno lo acoplaban a ella.

miércoles, 1 de julio de 2020

El mundo de Líbrame la próxima semana | Yoselin Carolina Calhua Ramírez

FICHA DEL LIBRO:
TÍTULO: Líbrame la próxima semana
AUTOR: John Carlos Yunca Cruz
LUGAR Y AÑO DE EDICIÓN: Lima, 2016
GÉNEROS: Novela, realismo mágico
EXTENSIÓN: 173 páginas 
EDITORIAL: Apogeo

Si la literatura griega tiene su Edipo, la latina su Enrique, la checa su Gregorio Samsa; por otra parte, la literatura portuguesa tiene su Santiago y la del habla hispana posee a su Marco, personaje engendrado en el 2016 en la novela: Líbrame la próxima semana, escrita por el peruano John Carlos Yunca Cruz, figura muy querida del país incaico.

lunes, 29 de junio de 2020

En un mar de muertos | J. R. Spinoza

La inscripción está grabada con letras doradas, justo en la placa debajo de un cuadro en particular. Uno que muestra a un hombre parado junto a un faro mirando abajo hacia el océano, donde centenas de esqueletos arrastran a otro sujeto idéntico a él a las profundidades marinas.

Dicha pintura se ubica al centro del salón de juegos de Il casinò della vita. La contemplo por unos momentos, como esperando hallar alguna respuesta o que provoque una epifanía que me ayude a salir de este embrollo. Mi padre decía que un hombre con fe, vale más que uno con suerte.

Lo cierto es que tengo pocas posibilidades. Es la penúltima ronda y sobre la mesa están dos reinas (de diamante y de corazones), un ocho de picas y un as de tréboles.

martes, 23 de junio de 2020

El mago | Axl Joke

Sabiendo que ya no tenía más trucos, el mago introdujo una última vez su mano en el sombrero. Desde dentro, otra mano estrechó la suya con fuerza. Jamás salió.

lunes, 22 de junio de 2020

Hojas secas | Fabrizio González Torres

Ella permanecía de pie junto al auto nuevo, él fumaba nerviosamente mientras leía algún mensaje de su teléfono.

—Entonces, ¿te marcharás?

—Sí, ya te lo he dicho.

—Pero, ¿y entonces? ¿Los sueños? ¿Los planes…? ¿Es que, acaso, me has estado mintiendo?

—No comiences, por favor. Trata de no montar una escena… sabes que odio tus dramas.

Visiblemente exasperada, guardó todos los recuerdos en una maleta que ninguno quiso conservar; las heridas, el amor y los desencantos se secaron en las macetas del jardín artificial que ella le había obligado a sembrar durante todos los años que convivieron.

sábado, 20 de junio de 2020

Las obras secretas | Marcelo Juan Valenti

Junto a Inés, que está siempre ávida de nuevas voces poéticas que nunca la satisfacen, asistí a una nueva edición del ciclo “Las obras secretas”. Lo coordina Orlando, quien veinte años atrás irrumpió en la escena local con una puesta de “La lección de anatomía” protagonizada por travestis. Luego incursionó en las artes visuales y la música, para arribar a las playas de la literatura.

“Las obras secretas” se caracteriza porque los invitados a leer son inéditos, veteranos olvidados, habitantes de pequeñas poblaciones. En cada edición hay un representante local, que lee algo propio y luego hace las presentaciones. Esa noche era el turno de Margarita, que parecía descontenta, embutida en un enterito descolorido que no le sentaba muy bien.

martes, 16 de junio de 2020

Ensilados bajo la condenación | Rusvelt Nivia Castellanos

LOS CAÍDOS

Nosotros vamos por los desfiladeros,
nos balanceamos con el vértigo,
ponemos en riesgo la conciencia,
cortando dolores de sangre,
este descarrío nos flagela,
ocurre un vacío fugaz,
llegamos al fondo del cañón,
aquí alcanzamos lo más frío,
nos revolcamos en el fango,
por la maldad yacemos en esto negro,
soportando la palidez de nuestras caras,
mientras hay en el ambiente hedores ácidos,
cuyos espesores tenebrosos,
trancan nuestra respiración,
ahorcados estamos en el desdén,
suenan gritos por todas partes y
nuestros cuerpos se asesinan.

jueves, 2 de abril de 2020

Amasijo | Artza Bastard

Despierta.

Abandona los plácidos sueños de tu cerebro comatoso para hundirte una vez más en la agonía de un nuevo día. Borra esa sonrisa de tu cara. El deber te llama, tu patético cometido como parte de este puto ciempiés humano te está esperando. No podemos permitir que falle ni una sola pata, pues supondría el colapso total de nuestra forma de vida, la cual está avalada por vuestros futuros cadáveres, asegurando el sistema con la energía renovable más limpia jamás obtenida: carroña humana.

martes, 31 de marzo de 2020

Reseña: El hoyo (2019) | Axl Joke

 Película completamente recomendable.

«No llame a los de abajo.
—¿Por qué?
—Porque están abajo.
Los de arriba no le contestarán.
—¿Por qué?
—Porque están arriba. Obvio.»

Nos servimos muchas veces de la ciencia ficción para crear los escenarios más extremos donde poner a prueba la humanidad misma.

El hoyo, o Centro Vertical de Autogestión, como prefieren llamarlo algunos, es una especie de prisión dividida en niveles donde los de arriba tienen poder sobre los de abajo por medio de la comida. La comida va descendiendo desde el nivel uno hasta los más de 200 niveles existentes, dando la oportunidad de comer lo que apetezcan a los de niveles superiores al mismo tiempo que no llega nada a los niveles inferiores. Dato: cada mes cambiará el nivel donde se encuentran cada uno de los internos. Algunas veces se puede estar muy arriba, otras muy abajo; ¿estamos seguros que esto es ciencia ficción?

sábado, 28 de marzo de 2020

El pantano de los peces esqueleto | Édgar Omar Avilés

(Fragmento).

«La lluvia es triste porque nos recuerda cuando fuimos peces.»
—Ramón Gómez de la Serna.

El ritmo de mi cojera es parte de la tétrica orquesta de pasos que luchan por llegar pronto a casa. En el cielo, brillan lágrimas. Huele a miedo (a cloroformo y pólvora). Para darme valor silbo "La Balada de las Balas con Alas de Hada", la canción que oigo en mi cabeza desde niña... Cuánto me hubiera gustado dedicarme a la música en vez de estudiar la licenciatura en cajera de Wal-Mart.

En la banqueta, un perro sarnoso me recuerda que me gustaría mucho tener algo peludo y calientito para abrazar, y que me quisiera, pero la alergia me lo prohíbe con su salpullido y fiebre. El perro se refugia bajo un automóvil que, como él, también tiene la carrocería descascarada. Sonrío al recordar que la noche pasada soñé con un perro que llegaba a la puerta del apartamento, era lanudo, chaparro y gris, una cruza no muy buena de cocker y maltés. Le daba pasitas con chocolate y lo bautizaba con el nombre de Psicopompo.

sábado, 7 de marzo de 2020

Los hombres de blanco | Federico Rivolta

No quedaba nada en este mundo para Carlos. El mundo estaba muerto para él.

El reloj sonó a la misma hora de todos los días. La pequeña habitación, gris y desordenada, fue cómplice de su oscuro amanecer, de un despertar sin despertar, de su seguir soñando de pie pero sin soñar.

El tren lo llevó al trabajo, pero solo transportó su cuerpo, el resto de Carlos ya no viajaba en tren.

Sus compañeros de oficina no hablaban su idioma; para comunicarse con ellos utilizaba el dialecto universal. Más de una vez pensó en decirles que se sentía mal, pero no lo habrían comprendido porque esas palabras no aparecen en el pobre diccionario del dialecto universal. Pero era demasiado tarde para palabras nuevas porque Carlos ya no se sentía mal, porque Carlos ya no se sentía.

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