sábado, 28 de marzo de 2020

El pantano de los peces esqueleto

(Fragmento).

«La lluvia es triste porque nos recuerda cuando fuimos peces.»
—Ramón Gómez de la Serna.
El ritmo de mi cojera es parte de la tétrica orquesta de pasos que luchan por llegar pronto a casa. En el cielo, brillan lágrimas. Huele a miedo (a cloroformo y pólvora). Para darme valor silbo "La Balada de las Balas con Alas de Hada", la canción que oigo en mi cabeza desde niña... Cuánto me hubiera gustado dedicarme a la música en vez de estudiar la licenciatura en cajera de Wal-Mart.
En la banqueta, un perro sarnoso me recuerda que me gustaría mucho tener algo peludo y calientito para abrazar, y que me quisiera, pero la alergia me lo prohíbe con su salpullido y fiebre. El perro se refugia bajo un automóvil que, como él, también tiene la carrocería descascarada. Sonrío al recordar que la noche pasada soñé con un perro que llegaba a la puerta del apartamento, era lanudo, chaparro y gris, una cruza no muy buena de cocker y maltés. Le daba pasitas con chocolate y lo bautizaba con el nombre de Psicopompo.

Para llegar a casa esnifo una línea del metro y una de microbús, luego camino siguiendo una grieta de la acera que me lleva hasta el edificio Solidaridad II, en el barrio de Tacuba. Abro el zaguán, esquivo a un viejo, al que antes admiraba y llamaba papá, ahora tirado de borracho entre vómito y babas.

Deprimida, me tomo unos minutos para ir al balcón, donde está la jardinera que no es sino una maceta alargada en el borde del mismo. Ahí cultivo un pequeño bosque de bonsáis. Me acerco sigilosamente y empiezo a susurrar cosas malas, aterrorizando a las personitas-robot que viven en él. Me siento más relajada, lista para dormir.

En la cama, pienso en que la gente como yo está condenada a pasar desapercibida, a ser una triste pelusa flotando a la deriva. Recuerdo (porque los recuerdos son lo único que de verdad nos pertenece) que el Abuelo aseguraba que yo sería algo grande... Él siempre olía a musgo y algas, su cara arrugada era la mar oleada bailando. Era de esos viejos sabios que uno adivina que de jóvenes fueron guapos y de niños feos, muy feos. Al abuelo lo mató papá de tres balazos.


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