domingo, 25 de octubre de 2020

Carta a una amiga que también fue un amor | Selena Poot

Bacalar, Quintana Roo, 10 de octubre de 2020

Clem:

Cómo se inicia algo, cómo dejar de rodear palabras, cómo materializar un sentimiento. Quizá sea necesario confirmar, lo que siempre has sabido.

Saber, por ejemplo, Clem, que pensaba en ti con frecuencia, que me era más fácil recordarte, que lograr acordarme de todo eso que apenas estaba sucediendo en mi vida.

Pensaba, como ya has de saber, en lo poco que recordamos las cosas que vemos, que tocamos, incluso, lo que vamos sintiendo, y pensaba, también, en esa sensación recurrente de vacío, en la impotencia de saberte “un molde hueco” como dice Cortázar, en todo lo que deseas sentir, y no puedes, y no importa cuánto uno luche por alcanzar la "llenura", porque de pronto, uno descubre, Clem, que ha nacido para quedarse de ese modo.

Sí, pensaba en todo aquello  que uno deja detrás, y también, en todas esas cosas que nos gustaría que se quedarán con nosotros; y en los tantos caminos, que por suerte, nos salvan de este sitio, para arrojarnos a este otro lado, en el que la vida no es más que una sombra que se escuda en uno, y sobre todo, en lo que hemos de afrontar solos, en la lucha, en el cansancio, y en todo eso que va sucediendo sin descanso, para que dos personas como tú y como yo, se miren por primera vez. ¿No es, Clem, algo dulce y cruel?

Y después, cuando me hartaba de pensar en las maniobras de la vida, me sorprendía pensando en ti de nueva cuenta; descubría con esperanza y asombro, que quizá está vez no fuera solo el dolor individual o los malos ratos los que de manera independiente nos situarán aquí.

Pensaba en todo eso, y en ti.

Cada día y cada mes.

Eras todo aquello que no necesita una explicación, y que, sin pedirlo, se explicaba por sí solo. Eras eso que quedaba conmigo pese al vacío. Eras una luz, una fe, la leve esperanza de querernos bien, de prever una vida sin etiquetas, sin pretensiones, algo que posee un nombre y que se vive, porque habría de vivirse.

Sobrellevar esos momentos en que tú no te sintieras suficiente, porque muchas veces me lo recalcaste, y muchas veces dije para mí, que era necesario demostrarte que, si bien el amor no lo puede todo, se podrían buscar los medios para solucionar con serenidad esas veces en que nos que quebramos, en las que sentimos, de pronto, que hemos dejado de ser lo que somos, para ser una herida en donde nada sale ni nada entra…

Y quise querer, Clem, y lo intenté, pero no fue el momento, me di cuenta, entonces, que la vida nos había unido para que pudiéramos sujetarnos con amor de amigas, y uno tenía que aceptarlo.

Y lo aceptaba.

Y habría que vivir, porque nunca ha existido otro camino. No sino este, este otro lado, en que nos hemos encontrado.

Ena.

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