lunes, 5 de octubre de 2020

Medellín, un día de luna menguante


Medellín, un día de luna menguante

Algunos nacen para ser amados,
otros se hacen para ser amantes, 
pero yo soy la flor de la insumisión.

Mi querido Danilo 

Acudo a su llamado a través de estas líneas, porque pienso que sigue siendo éste nuestro lugar común, el que mejor nos retrata a ambos.

Hemos caminado sin sabernos hace ya tiempo, por lo que, me resulta bastante agradable volver a comunicarnos después de tan largo y sostenido silencio. Aunque esto confirma que seguimos siendo los mismos, más no lo mismo, me refiero a una forma retenida de la continuidad, que se va dando conforme transcurren una sucesión de momentos que paso a paso nos desplaza para dar lugar a ese otro que vamos siendo.

Algunas veces, me detengo en el camino para traer a mí su presencia, es ahí cuando lo percibo menos ausente y distante a mi caro corazón; porque en los fugaces encuentros, nosotros fuimos mucho más que dos, ya fuera: entregando a la noche las palabras o liberando el cuerpo en un beso. Entonces, sin más, lo sitúo a usted en un lugar privilegiado dentro de mis afectos y reanudo el paso.

Ahora, debe saber que terminé mis estudios en filosofía y que me di un año libre para pensar qué hacer conmigo; aún no decido, pero la fecha se vence en un par de meses más, quién sabe si para entonces se me aclaren las ideas. Le confieso que, muy dentro de mí sólo busco apartarme, retirarme a una pequeña casa con un huerto que pueda cultivar, en la compañía de unos buenos libros, papel y un lápiz infinito para escribir, cuando bien se me antoje. Tal vez sea una idea errada, pero creo que es la única que se adecua a mi natural forma de ser.

Reconozco que no sé quedarme sin sentir que me traiciono, y que dejo de ser la que soy; por eso, camino largas distancias para encontrarme conmigo y saber que sigo siendo mía a pesar de estar rodeada por todo lo otro; así que, solo me dejo caminar en silencio, como cuando caminamos juntos aquella primera vez bajo la noche. A eso puedo ser fiel.

Para terminar, le diré que tengo una libreta donde consigno frases y pensamientos, narro historias en collage o pinturas al óleo, pero lo más importante, guardo cada palabra que usted me escribió, incluso las cartas que alguna vez me envió, en ocasiones me acerco a ellas con intención y otras veces las recorro desapercibidamente, es que usted tiene una confitura en su forma de escribir que me atrae y me conviene.     

Con afecto, la señorita del huerto.

1 comentario

  1. Hubo una vez un pedazo de luna, solo estuvo una noche, salió, se dejó ver, parecía reír, pero solo sonreía, tenía algo de morado, de lila, de rojo que resaltaba con una clara noche oscura, quería guardarlo solo para mí , muchos pudieron verlo , y ahora que leo sus palabras , pensar que solo yo posea su recuerdo seria negar a los poetas.

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