lunes, 2 de noviembre de 2020

La divina alegoría | Rusvelt Nivia Castellanos

Si la profunda memoria no me falla, durante este veloz instante, vuelvo a mi recordada fuga del castillo infernal; hace un siglo imaginario de ustedes, hombres de cuerpos móviles, ustedes seres mortales, seres miedosos al amor. Ya respecto al tiempo, me lo pasé sufriendo abajo de sus dominios terrenales, durante casi todo un milenio errático. Fui ciertamente para aquella existencia, una luminosa retratista en aquel mundo de sonámbulos; un mundo plagado de seres malsanos y bestias a la vez homicidas. Menos mal, mediante mi facultad creadora, sigo aún con vida; pero ya me sé residente en otro universo posible, descubierto años antes, por mí arte del dibujo.

Desde la infancia, yo también traté de volarme de ese imperio tan temido. Procuré la huida rompiendo los espejos del enfoque equidistante. Pero nada, no podía ser libre en realidad. Más entre las casuales rutinas, me gustaba repasar los cuentos de Gabo, debido a su poder íntimamente fantástico. Y yo, una mujer prisionera en un cuerpo transformista, luché por reflejarme en los amores trágicos de ese escritor. Sola entonces sola, bajo una noche de masacres, mientras leía alguno de sus cuentos, por fin pude llegar al final del abismo; sucedió cuando la pintura viva del horror, se abrió en mil pedazos y enseguida yo fui cayéndome hacía arriba del único castillo perdido, viéndolo todo rodeado de vidrios traslúcidos. Así bien, ahora yo piadosa, estoy en otros museos, me paseo por los anchos pasillos pintorescos. Ahora yo risueña, salgo a recorrer los largos patios floridos. Ahora yo encantada, miro cada decorado del jardín tan espiritual. Para mí es como sentir un paraíso de paz. Hay bosques azules, sembrados atrás de los mares hundidos; hay navíos, surcando ríos de nebulosas estelares. Para mí es como descubrir la tierra blanca. De hecho, aquí en esta fortaleza inmortal, siempre habitan los angelitos y angelitas, quienes mantienen jugando dichosos, entre los cielos abiertos, igual de libres a sus bailes inocentes, entre los vientos invisibles. Y así ya, sin ningún fin, así de voladora y de mágica; mi unción hoy es bella y bella como las madrugadas con lluvias escarchadas, hoy presenciadas en esta única divinidad.

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Obra literaria;

Merecedora de reconocimiento internacional, Tercer Premio de Literatura, Feria del Libro de Moreno, Buenos Aires, Argentina, Año 2010.

El espacio de Rusvelt es: https://lazlibreriazlibrez.blogspot.com/.

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