miércoles, 30 de diciembre de 2020

Las rosas son rojas, el cielo es azul y a nadie le importa un carajo | Axl Joke

Justifico la existencia de este escrito por dos motivos: el principal es porque estoy en campaña permanente contra los vicios que hacen mal a la escritura, el segundo y menos importante es debido a la lectura de un artículo que consiguió sacarme una sonrisa involuntaria. Quisiera citarlo como es debido, pero no recuerdo dónde lo leí ni vale la pena ir a buscarlo. Recuerdo el nombre, "No seas como Stephen King" imperaba. Era un artículo tan olvidable como los que abundan en la red, sin embargo, especialmente superficial y pretencioso. Criticaba el libro On Writing: A Memoir of the Craft (editado en español como "Mientras escribo") del autor en cuestión.

Al leer el artículo, le imaginé leyendo una copia del libro que habría sido rescatada del triturador de una oficina en llamas y, luego, se pondría a escribirlo con lo que pudo leer de los pedacitos rescatados, y esta imagen es la que me roba la sonrisa; dejaba al descubierto que no entendió dos palabras del libro y se tomó el atrevimiento de buscar visitas con el título o, por romper una lanza a su favor, que buscaba el negrito en el arroz (a pesar del título y la intención de su artículo).

A la vez que criticaba el libro, el autor desconocido ofrecía consejos para escribir sin parecerse a Stephen King. Tan superficiales como su lectura del libro. Tan olvidables como cuando habla quien no tiene nada que decir.

En las siguientes líneas rescato consejos reales y, a mi humilde parecer, mucho más fructíferos para quienes deseen comenzar a escribir, deseen o no parecerse a su autor favorito. ¡Qué más quisiéramos que tener el éxito de King!

6 CONSEJOS CON AMOR PARA QUIENES DESEAN ESCRIBIR

viernes, 18 de diciembre de 2020

Entre nosotros | Ronnie Camacho Barrón

“El fin del mundo siempre está a la vuelta de la esquina”, ese, es lema del Buró de Prevención Profética, la organización a la que pertenezco.

Desde el principio de la historia, hemos actuado bajo las sombras para proteger al mundo de las constantes amenazas que se ciernen sobre él y que sin duda alguna llevarían a la raza humana a su extinción.

Con éxito prevenimos el regreso de los Atlantes de las profundidades del mar, la ascensión del Anticristo al papado, la incursión alienígena de Roswell, la rebelión de las máquinas del 2000 y la tercera guerra mundial que sería provocada por las armas biológicas bajo el poder de Bin Laden.

jueves, 17 de diciembre de 2020

A un pajarillo | Celedonio Junco de la Vega

Canoro:
te alejas
de rejas
de oro.

Y al coro
le dejas
las quejas
y el lloro.

Que vibre
ya libre
tu acento.

martes, 15 de diciembre de 2020

Carta desde el frente | Kirke Buscapina

Peña Citores, 9 febrero de 1938

Querida Manuela:

Escribo estas líneas sin la certeza de que puedas leerlas, y en el caso de que lleguen a tus manos, cuando las leas, no sé dónde estaré.

Primero quiero que me perdones la tardanza en contestar tu última misiva. Sabes las dificultades que supone enviar cartas desde el lugar en el que me encuentro. Llegar hasta esta posición en la montaña es complicado, mis camaradas del Batallón Alpino suben cada dos semanas a traernos suministros y, de paso, el correo recibido en Cercedilla. Los escasos alimentos apenas llegan para reponer las fuerzas que el frío y la desesperación nos quitan y las cartas son un breve alivio a la soledad que estas cumbres nos regalan.

En las gélidas noches de guardia me refugio en el recuerdo de tus abrazos, en la visión de tu sonrisa y en el sonido de tu cálida y cantarina voz. Rememoro los días que pasé junto a ti caminando por la orilla del río que riega los campos labrados por nuestros padres. Si cierro los ojos puedo hasta oler tu pelo trigueño, sentir la caricia de tus manos y tu aliento sobre mi cuello. Si no fuera por tu recuerdo hace tiempo que me habría vuelto loco en esta guerra absurda.

domingo, 13 de diciembre de 2020

El liberador | Juan Luis Henares

El sol brillaba en el horizonte en ese amanecer de fines de diciembre, pero sus rayos —sumados a la alta humedad— calentaban como si fueran las horas del mediodía. El mameluco azul se pegaba en el cuerpo de Oscar, sus pasos eran dificultosos; recién se dirigía al trabajo, era preferible ni pensar en lo que le esperaría el resto del día. Para evitar el calor nada mejor que cortar camino por un sendero que, junto a un pequeño bosque de pinos, cruzaba en diagonal el campo adyacente a la fábrica. Pasto, ramas caídas, sombra y el sonido de los pájaros eran la compañía necesaria para tomar fuerzas y soportar la larga jornada. De pronto un rayo de luz se reflejó en sus ojos; no era producto de mirar directo al radiante astro, sino el destello de un objeto escondido entre la hierba. Sigiloso —en puntas de pie— descubrió una antigua damajuana verde, recubierta en dos tercios por mimbre, con asa y un gran corcho en el pico. Adentro algo se movía: una especie de neblina parecía darle vida a su contenido; apoyó sus rodillas en el pasto y la observó, sin tocarla, hasta que se animó a tomarla con sus manos; el vidrio estaba frío, ¿su contenido sería acaso algún gas? Tuvo ganas de destaparla, mas sintió temor; ¿y si el gas explotaba? ¿O sería tóxico? La dejó en el mismo lugar en que la encontró y siguió su marcha hacia la fábrica.

Metros adelante se detuvo: un pensamiento cruzó por su mente y le hizo regresar sobre sus pasos. Tomó la damajuana con una mano y con la otra comenzó a mover el corcho; se produjo efervescencia en su contenido. Pensó que sería dificultoso descorcharla, sin embargo ni bien lo intentó el tapón cedió, y si no fuera porque lo sostenía con su mano, hubiera salido disparado. Oscar cayó al suelo, con la damajuana abrazada a su cuerpo; no podía creer lo que observaba: el gas salió despedido y en forma de nube cubrió el sendero. Al disiparse apareció ante sus ojos una figura gigantesca: bastante más de dos metros de alto, piel negra, turbante en la cabeza, pequeña barba en la pera y un largo y fino bigote estilo Salvador Dalí; su torso desnudo, al igual que sus piernas, y un mawashi —cinturón utilizado por los luchadores japoneses de sumo— cubría su cintura. Sus pies se confundían con la niebla que salía del recipiente; parecía no necesitarlos, pues… ¡flotaba!

miércoles, 9 de diciembre de 2020

A mi viejo | Jacz Nil Admirari

No me gustaba ir a visitarte, te lo confieso.

Cruzar la mitad de la ciudad sólo para darte una vuelta no me resultaba ni atractivo ni emocionante. Llegaba al apartamento y lucía sucio, descuidado, desvencijado, pero esa vez, estando allí, sentados en la sala en medio de una conversación trivial, la mirada, tu mirada, perdida en el horizonte, en el paisaje montañoso que se mostraba ante nosotros, que más de una vez me hizo a mí soñar con mejores momentos, alejado de los gritos, del maltrato verbal, de la amenaza latente, del sin razón y del sin sentido, del olor a borracho sudoroso maleducado cuyo escándalo me disturbaba de mis anhelos con otras realidades, ese mismo paisaje frente a nosotros que en mis ojos fueron sueños fabulosos, en los tuyos, durante una conversación trivial, se convertía en oprobio, en desaprobación, en decepción, en vergüenza, en esos ojos que no me miraban a mí sino a la nada, había reconocimiento de saber que yo me había dado cuenta que todo estaba perdido, que ya no tenías las fuerzas para luchar, ni las fuerzas ni las ganas, ni motivos para hacerlo, habías sido conquistado por el enemigo y tu rendición fue sin condiciones, entregaste tus armas y con las rodillas al suelo dejaste que dispusieran de tu destino.

No importa lo que digan, la vida es una batalla constante, y el enemigo se presenta de múltiples formas: a veces bajo la figura de una adicción, como el alcoholismo; a veces bajo la figura de un desacuerdo irreconciliable, como el divorcio; o incluso peor, un signo con el que se nace, como la soledad.

lunes, 7 de diciembre de 2020

La complejidad compositiva, lingüística y de personajes en la obra de Miguel de Cervantes Saavedra | Yisel del Castillo Cruz

El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, es considerada la obra cumbre de la literatura en lengua castellana. Escrita a principios del siglo XVII, retrata claramente el cambio del pensamiento del Renacimiento al Barroco, aunque el tema que desarrolla está ligado directamente con los aspectos medievales.

Su autor, Miguel de Cervantes y Saavedra escritor de transición entre el Renacimiento y el Barroco porque vive y desarrolla su obra a finales del siglo XVI e inicios del XVII, es el creador de la novela moderna. En él existe el individuo del Renacimiento con gran sabor erasmista y también el sutil, cauto, reflexivo y equívoco Barroco. Comprende el drama nacional, percibe la frustración y la depresión material y espiritual de España. Transforma el heroísmo de los tiempos épicos en caricatura a través de su personaje don Quijote.

Desde la primera mitad del siglo XV, comienza en España el influjo de la novela caballeresca, a partir de una serie relatos de esta índole que tuvieron su nacimiento en el norte de Francia. Temáticamente estaban muy a tono con los hechos de armas que propiciaba la Guerra de Reconquista y el mundo bélico feudal de la península. Al respecto Ricardo Viñalet señala: “La novela caballeresca refleja nítidamente los rasgos más característicos del siglo, en el cual se combinan los elementos tradicionales de la Edad Media feudal y las primeras señales del arte renacentista. Los temas del valor y la heroicidad caballeresca son tratados de una forma nueva. Ya no es la guerra la motivación de las hazañas, sino el afán de aventuras del caballero que arriesga su vida por su amada”. (Viñalet, 1986, p. 89). Estas novelas narran las aventuras de un caballero que en solitario enfrenta amoríos, batallas y terribles desafíos con grandes muestras de honor, fidelidad y amor a una dama.

viernes, 4 de diciembre de 2020

La casa del ojo rojo | Juan Luis Henares

Despertó aturdido. Pronto comprendió el motivo: sonaba el timbre de su celular; pensó que sería las seis menos cuarto, hora en que se levantaba para ir al trabajo. Encendió su velador, el viejo reloj que colgaba de la pared marcaba las dos y veinte; recordó que era sábado, día en que no trabajaba. Atendió con torpeza y le respondió una voz de mujer:

—Luis, soy Alicia, ¿Mariano está con vos?

Trató de aclarar su mente y confundido contestó que lo había visto a la salida del trabajo, pasado el mediodía. Ella, a un paso del llanto, insistió:

—No regresó, salió a caminar y me dijo que era probable que después fuera a tu casa.

Tras intentar en vano tranquilizarla cortó la conversación; volvió a la cama y apagó la luz del velador. No logró dormirse.

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